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Fases del sueño: fases mor y no mor

- 23:24 Para vivir mejor

Antiguamente se creía que el sueño consistía simplemente en la disminución de la actividad cerebral que se produce durante la vigilia. No obstante, en la actualidad sabemos que dormir es un proceso activo y muy estructurado durante el cual el cerebro recupera energía y reorganiza los recuerdos. El análisis del sueño se lleva a cabo a partir de su división en fases, cada una de ellas con sus características distintivas. A continuación describiré las cinco fases del sueño, que a su vez se pueden dividir en los períodos de ondas lentas y los de ondas rápidas, más conocidos como “sueño MOR”.

Fases y ciclos del sueño

El sueño era poco entendido hasta mediado del siglo XX, cuando se empezó a estudiar científicamente a través de los registros de la actividad electroencefalográfica. En 1957, los fisiólogos e investigadores William C. Dement y Nathaniel Kleitman describieron cinco fases del sueño. Su modelo sigue vigente en la actualidad, si bien se ha modernizado gracias al desarrollo de nuevos instrumentos de análisis. Las fases del sueño que propusieron Dement y Kleitman, se dan de forma continua mientras dormimos. El sueño se estructura en ciclos, es decir, sucesiones de fases, de entre 90 y 110 minutos aproximadamente, nuestro cuerpo pasa por entre cuatro y seis ciclos de sueño cada noche que descansamos de forma adecuada. Durante la primera mitad de la noche predominan las fases lentas del sueño, mientras que el sueño rápido o MOR es más frecuente a medida que la noche avanza.

Sueño de ondas lentas o No MOR

El sueño lento constituye aproximadamente el 80% del sueño total. Durante las cuatro fases que lo componen el riego sanguíneo cerebral desciende en comparación con la vigilia y el sueño MOR. El sueño no MOR se caracteriza por la predominancia de ondas cerebrales lentas, que indican una actividad eléctrica disminuida en el sistema nervioso central.

Fase I: adormecimiento

La fase 1 del sueño, que supone menos del 5% del sueño total, está constituida por los periodos transicionales entre la vigilia y el sueño. No sólo aparece cuando nos estamos quedando dormidos sino también entre los distintos ciclos del sueño. En esta fase perdemos progresivamente la conciencia del entorno. Frecuentemente aparecen pródromos (señal o malestar que precede a una enfermedad) de la actividad onírica conocidos como alucinaciones hipnagógicas, En el estado hipnagógico (entre la vigilia y el sueño) es común pensar que se está despierto, hasta tal punto que se tiene seguridad de tener los ojos abiertos, de ver y oír cosas alrededor, pero no se puede uno mover, sobre todo en niños y en personas con narcolepsia (acceso de sueño de carácter patológico en el que se padece un deseo irresistible de dormir o sucesivos ataques de sueño). Durante el adormecimiento se registran principalmente ondas alfa, que también se dan cuando estamos relajados durante la vigilia, especialmente con los ojos cerrados. Además empiezan a aparecer ondas theta, que indican una relajación aún mayor. Así, la actividad cerebral propia de la fase 1 es similar a la que se produce mientras estamos despiertos, y por tanto en estos periodos es habitual que nos despierten ruidos relativamente poco intensos.

Fase II: sueño ligero

El sueño ligero sigue a los periodos de adormecimiento. Durante la fase II (dos), la actividad fisiológica y la muscular disminuyen significativamente y la desconexión con el entorno se intensifica, de forma que el sueño se vuelve cada vez más profundo. Esto se relaciona con la mayor presencia de ondas theta, más lentas que las alfas, y la aparición de los husos del sueño y los complejos K; estos términos describen oscilaciones en la actividad cerebral que promueven el sueño profundo, inhibiendo la posibilidad de despertarse. La fase II del sueño es la más frecuente de las V, llegando a constituir aproximadamente el 50% del sueño nocturno total.

Fases III y IV: sueño delta o profundo

En el modelo de Dement y Kleitman el sueño profundo está compuesto por las fases III y IV, aunque la diferenciación teórica entre ambas ha perdido popularidad y hoy en día se suele hablar de ambas conjuntamente.

El sueño lento ocupa entre un 15 y un 25% del total; aproximadamente un 3-8% corresponde a la fase III, mientras que el 10-15% restante se engloba en la fase IV. En estas fases predominan las ondas delta, que se corresponden con el sueño más profundo. Es por ello que estos periodos son conocidos habitualmente como “sueño de ondas lentas”.

Durante el sueño lento la actividad fisiológica se encuentra muy disminuida, aunque el tono muscular aumenta. Se considera que nuestro cuerpo descansa y se recupera más marcadamente en estas fases que en el resto. Muchas parasomnias que son trastorno de la conducta durante el sueño asociado con episodios breves o parciales de despertar, sin que se produzca una interrupción importante del sueño ni una alteración del nivel de vigilia diurno, son características del sueño de ondas lentas; en concreto, durante estas fases se producen la mayor parte de los episodios de terrores nocturnos, sonambulismo, somniloquia y enuresis nocturna.

Fase V: Ondas rápidas o MOR

Los movimientos oculares rápidos que se producen durante esta fase le dan su nombre más conocido, sueño MOR, otros signos físicos del sueño MOR son la fuerte disminución del tono muscular y el aumento de la actividad fisiológica, de forma opuesta al sueño profundo. También se conoce a las fases MOR como sueño paradójico porque durante esta fase es difícil que nos despertemos a pesar de que las ondas cerebrales predominantes son las betas y las theta, similares a las de la vigilia. Esta fase constituye un 20% del sueño total. La proporción y duración del sueño MOR aumenta progresivamente a medida que la noche avanza; esto se relaciona con la mayor presencia de sueños vívidos y narrativos durante las horas que preceden al despertar. Del mismo modo, en la fase MOR se dan las pesadillas. Se cree que el sueño MOR es fundamental para el desarrollo cerebral y la consolidación de recuerdos nuevos, así como su integración con los que ya existían. Un argumento a favor de estas hipótesis es el hecho de que la fase MOR es proporcionalmente mayor en niños.

3. Electromiograma

El electromiograma (EMG) es un procedimiento que se utiliza para estudiar la actividad eléctrica de los músculos y sus células nerviosas o neuronas motoras. Estas neuronas transmiten las señales eléctricas que producen la actividad y la contracción muscular. Para realizar un EMG se necesitan electrodos que se colocan en los músculos, ya sea en estado de reposo o durante el ejercicio. Para detectar la respuesta muscular es necesario introducir una pequeña aguja, por lo que, a veces, puede resultar molesto para el paciente. La única complicación de esta prueba es que se ocasione un pequeño sangrado en el lugar de la inserción del electrodo, de ahí que haya que tener en cuenta pacientes con trastorno de coagulación o que realicen tratamiento anticoagulante. Otra técnica de electrofisiología que en ocasiones acompaña al EMG es la electroneurografía, que estudia la velocidad de conducción de los impulsos a través de los nervios. Para ello, se estimula un nervio con impulsos eléctricos de baja intensidad, mediante sensores colocados en la piel que recogen la respuesta de otros sensores situados a distancia, y se registra así lo que tarda en producirse la respuesta en la conducción de un lado a otro.

Por el Lic. Mariano Vega Botter

Neuropsicólogo


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