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Las revoluciones americanas: las juntas de gobierno de 1809 y 1810

- 12:56 Santiago

El proceso de descomposición del imperio español, desatado por la invasión napoleónica del territorio ibérico en Europa tiene sin duda otras motivaciones más profundas que quedaron en evidencia desde 1808. El fracaso de las reformas burocráticas durante el siglo XVIII, llamadas “borbónicas” por los reyes que las encararon con diverso resultado, y la influencia de las ideas liberales, impulsadas por las revoluciones estadounidense y francesa, expresadas con claridad en los ensayos conocidos como “El Federalista” de James Madison, Alejander Hamilton y John Jay, o los libros “El Contrato Social” de Jean-Jacques Rosseau fueron fundamentales como justificaciones de las acciones de rebelión, con distinto grado de violencia según el escenario geográfico.

Sin duda, las restricciones del comercio por el sistema monopólico español, en el marco del cambio de paradigma económico producto de la primera revolución industrial y la sistematización de las doctrinas capitalistas, como las expresadas por el libro de Adam Smith “La riqueza de las naciones”, fueron una motivación importante a veces puesta de lado en la explicación de los acontecimientos por cierto prurito intelectual que desdeña la inspiración económica de los cambios políticos y sociales, para darle una pátina más romántica y con un gran contenido épico.

La simultaneidad del proceso revolucionario en la América española pone en evidencia la circulación fluida de las noticias, tanto generadas en la península como en el propio continente americano. El camino iniciado en 1808, que relatamos el pasado domingo, va a cobrar una dinámica que trataremos de resumir hoy.

BUENOS AIRES, CAPITAL DEL VIRREYNATO DEL RÍO DE LA PLATA – 1 DE ENERO DE 1909

Un grupo de españoles peninsulares, liderados por Martín de Àlzaga, se sublevan contra el virrey Santiago de Liniers, buscando su destitución y reemplazo por una Junta. El apoyo al virrey por parte de los milicianos veteranos de las invasiones británicas de 1806 y 1807, encabezados por Cornelio de Saavedra, determinó el fracaso del movimiento y el encarcelamiento de sus cabecillas, que fueron remitidos a Carmen de Patagones. Este episodio es poco conocido por el relato histórico argentino.

CHUQUISACA – 25 DE MAYO DE 1809

La “Atenas de América”, sede del Arzobispado del Río de la Plata y de la Universidad de San Francisco Javier, será el espacio de la primera revolución sangrienta del período que culminará con las independencias de los países que integraban el imperio español.

El chuquisaqueño Jaime de Zudáñez fue detenido a la noche del 24 de mayo, y eso provocó una manifestación en la plaza mayor de Chuquisaca al día siguiente, destacándose a la cabeza de la protesta el tucumano Bernardo de Monteagudo.

Se forzaron las puertas de las iglesias para llamar al pueblo en protesta y sobre la tarde fue tomado el palacio de la Real Audiencia, presidida por Ramón García de León y Pizarro, quien fue detenido.

Los sublevados formaron una “Audiencia Gobernadora”, nombrando al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales como comandante general y al decano de la Audiencia, José de la Iglesia como gobernador de Charcas.

Este gobierno sobrevivió hasta la represión ordenada por el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, con el apoyo del arzobispo Benito María Moxó y Francolí, que realizada por el general José Goyeneche, criollo de Arequipa, se consumó el 21 de diciembre, a través de ejecuciones, destierros y prisiones.

LA PAZ – 16 DE JULIO DE 1809

Una conspiración liderada por Pedro Murillo se hace del poder en La Paz, provincia del Alto Perú, dependiente del Virreynato del Río de la Plata, el 16 de julio de 1809. A los pocos días forman una Junta Tuitiva, que proclama la libertad de la provincia, pero la feroz represión ordenada por el virrey Abascal, llevada a cabo por el general arequipeño José Manuel de Goyeneche culmina en una masacre, luego de varias derrotas de los levantiscos, cuando son ahorcados, en la plaza mayor de La Paz, Murillo y sus compañeros el 29 de enero de 1810. Murillo, desde el patíbulo, gritó: “Compatriotas, yo muero, pero la tea que dejo encendida nadie la podrá apagar, ¡Viva la libertad!”.

QUITO – 10 DE AGOSTO DE 1809

El derrocamiento de Manuel Ruiz Urriés de Castilla y Pujadas, presidente de la Real Audiencia de Quito, luego de la toma del Palacio Real por parte de los conjurados encabezados por Juan Pío Montufar, que proclamaron una Junta Soberana. Las autoridades imperiales comenzaron inmediatamente a atacar a la Junta, logrando su derrota el 24 de octubre, reponiendo a Ruiz Urriéz.

Éste no respetó las condiciones pactadas con los sublevados y los encarceló, para luego de un intento de fuga, pasarlos por las armas el 2 de agosto de 1810. Una curiosidad de este movimiento es que todos sus protagonistas pertenecían a la nobleza colonial, algo que no existía en el Río de la Plata.

LIMA, CAPITAL DEL VIRREYNATO DEL PERÚ – 26 Y 27 DE NOVIEMBRE DE 1809

La “Ciudad de los Reyes”, tal como era conocida Lima en los tiempos coloniales, se mantuvo fiel al imperio hasta la llegada del libertador José de San Martín en 1821. El peso de la nobleza, la aristocracia y las órdenes religiosas fue fundamental para esa lealtad al trono español. Sin embargo, hacia fines de 1809 se organizó un levantamiento contra el virrey del Perú, José Fernando de Abascal, encabezado por Juan Sánchez Silva y Antonio María Pardo, con la intención de reemplazarlo con una Junta, pero los eficaces servicios de espionaje que el virrey mantenía en la ciudad más importante de España en América, lograron desbaratarlo, cuando en la noche anterior al pronunciamiento, todos sus cabecillas fueron tomados prisioneros en sus casas y permanecieron encarcelados por un largo tiempo.

CARACAS, CAPITAL DE LA CAPITANÍA GENERAL DE VENEZUELA - 19 DE ABRIL DE 1810

La llegada del mariscal Vicente Emparan como capitán general, estuvo dominada por la discusión sobre la validez de su nombramiento, que se zanjó cuando el Cabildo de Caracas lo desconoce, que luego de la renuncia de Emparan, se proclama a sí mismo como Junta Suprema de Venezuela, con el liderazgo de Martín Tovar Ponte. Este movimiento fue replicado el 27 de abril en Cumaná, Barcelona, el 1 de mayo en Angostura, el 4 en La Asunción y el 5 en Barinas, aceptando la autoridad de la Junta de Caracas. Más adelante, el 16 de setiembre se suma Mérida y el 9 de octubre Trujillo. Guayana decide reconocer la autoridad del Consejo de Regencia que se forma en España para reemplazar a la Junta Central desaparecida a principio de 1810.

CARTAGENA DE INDIAS – 22 DE MAYO DE 1810

Uno de los principales puertos comerciales y militares del imperio español, ubicado sobre el mar Caribe, protagonizó el primer levantamiento en el actual territorio colombiano. El 22 de mayo se formó una Junta que destituyó a las autoridades imperiales y tomó el control de la ciudad. Presidida por José María García de Toledo, el 13 de agosto se convierte en la Junta Suprema Provincial Gubernamental de Cartagena de Indias, que se somete a la autoridad de la Junta de Santa Fe de Bogotá el 11 de noviembre de 1811, declarando su independencia de España como Estado Libre, aunque no podrá sostenerlo en el tiempo, siendo sometida por las tropas españolas en el asedio de Cartagena, en 1815.

La sola enumeración de estos movimientos habla del estado de conmoción de todo el imperio español. Los procesos revolucionarios suelen tener claro contra que se lucha, pero pocas veces hacia donde se conduce la revolución. Una curiosidad es que la Capitanía General de Filipinas, cabeza de los dominios orientales de España, no tuvo ningún proceso autónomo en estos tiempos convulsos. La determinación de las intenciones de los sublevados americanos de 1808 a 1810 en todo el continente español americano es una investigación y una discusión que jamás podrá resolverse, ya que la historia debe referirse a los hechos y no a la suposición del pensamiento íntimo de sus protagonistas. Hemos dejado de lado, intencionalmente el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires. El próximo domingo, celebrando las fiestas mayas, recorreremos los hechos fundamentales de la única revolución americana que nunca jamás volvió a caer bajo la autoridad del imperio español, un auténtico motivo de orgullo histórico para los argentinos.

EDUARDO LAZZARI.

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