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“Conviene que uno muera por el pueblo”

Evangelio según San Juan 11,45-57.

- 22:33 El Evangelio

En aquél tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: - “¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: - “Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera”. Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos. Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: - “¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?” Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Reflexión

Conocemos la alianza de amor de Dios con su pueblo, el pueblo judío: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Con frecuencia, la mayoría del pueblo, siempre hubo un pequeño resto fiel, dio la espalda a su Dios yéndose detrás de otros dioses, de ídolos, lo que le acarreó el destierro a tierra extranjera. Dios, permitiendo estas situaciones dolorosas de su pueblo, nunca le abandonó. Fue siempre fiel a la palabra dada. Llegado el momento oportuno, hizo revivir su alianza de amor con su pueblo, como nos indica la lectura de hoy del profeta Ezequiel. “Con ellos moraré, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Y sabrán las naciones que yo soy el Señor, el que consagra a Israel, al estar mi santuario entre ellos para siempre”. Bien sabemos que “llegada la plenitud de los tiempos” Dios nos envió a la tierra a su propio Hijo para que sellase una nueva alianza de amor, pero esta vez con toda la humanidad. Nos indicó, para romper nuestras tinieblas, el camino que hemos de seguir para encontrar el gozo de vivir. Nos prometió estar siempre con nosotros en el trayecto terreno antes de llegar al nuevo paraíso, después de nuestra muerte y resurrección, de la felicidad total cuando Dios y solo “Dios sea todo en todos” para toda una eternidad, eliminando para siempre sus enemigos. Las autoridades religiosas judías de entonces empezaban a estar nerviosas. Convocaron el Sanedrín para ver qué decisiones tomar, porque lo de Jesús se les estaba escapando de las manos. Muchos judíos se iban detrás de él, mermando las filas del judaísmo. Además tenían miedo de que ante este panorama “vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Ante esta situación “aquel día decidieron darle muerte”.

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