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Lectura del Santo Evangelio según San Juan (8,51-59)

- 21:31 El Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre”. Los judíos le dijeron: “Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: ‘Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre’? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?”.

Jesús contestó: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera ‘No lo conozco’ sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría”. Los judíos le dijeron: “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?”. Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy”. Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo. Comentario Se nos habla de Abrahán, que es modelo del creyente porque su fe está vivificada por la caridad y por la humildad. La fe es una lucha por la vida.

Jesús es el verdadero descendiente de Abrahán, porque en el combate entre la muerte y la vida, su fe abre a todos una esperanza inesperada. En el muro de la angustia que nos oprime, Jesús abre una brecha para que pueda irrumpir la vida, y es que él es la vida: “Antes que naciese Abrahán, yo soy”. Pero Jesús sigue teniendo problemas con sus contemporáneos. Cogen piedras para arrojárselas. No querían cambiar. Incluso ante un personaje que les ofrece la vida eterna, gracias a la fe. Jesús se revela como el Hijo de Dios, por eso osa decirles a los judíos que él es anterior a Abrahán. Reconocer a Jesús como el Señor, como el Hijo de Dios, es una de las cosas que tenemos que pedirle al Espíritu de Dios que nos regale en esta Cuaresma. Mientras no reconozcamos a Jesús como el Señor, los cambios en nuestra vida no serán profundos. Seremos como los que oían a Cristo y cogían piedras para tirárselas. Nos hace mucha falta. Para ir hasta el final.

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