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Evangelio según San Lucas (11,14-23)

- 23:05 El Evangelio

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo. Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: “Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios”.

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: “Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama”.

Comentario

“Si yo expulso los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ya ha llegado a vosotros”, dice Jesús en el evangelio. Toda su vida revela que actúa con el poder de Dios para hacer que el bien reine en este mundo. Pero algunos no quieren de ninguna manera que Dios reine, por eso levantan calumnias contra Jesús.

La escena del evangelio de hoy es una muestra de lo que significa juzgar a alguien injustamente, sin tener en cuenta si es verdad o no lo que de él se dice. Lo único que se pretende es hacer daño.

Seguramente alguna vez en nuestra vida también nosotros hemos experimentado acusaciones falsas sobre lo que hemos hecho o hemos dicho. ¡Y cuánto nos duelen esas palabras! ¡Y cuánto daño causan en la comunidad! El papa Francisco con cierta frecuencia hace referencia a los pecados de la “lengua que mata”. Y nos sugiere que una penitencia cuaresmal muy oportuna es: “Antes de hablar mal de otro ¡muérdete la lengua!”

El Señor pide nuestra colaboración para construir en este mundo el reino de Dios.

Somos débiles, somos pecadores y fallamos mil veces. Pero este tiempo de Cuaresma nos invita todos los días a revisar nuestros pensamientos, palabras y acciones para que Dios reine en nuestro corazón.

Un vaso de agua dado por su amor es ya un paso adelante del reinado de Dios en esta tierra, donde el dinero y el interés son los que mandan.

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